11 septiembre 2011

Pensamientos que traen la noche y la soledad

Anoche volvía en coche sola desde una reunión de amigos. Era tarde y tenía por delante unos 95 km y tenía que mantenerme despierta de alguna manera. Puse la música alta para que me acompañara en el trayecto y comencé a pensar en todo lo pasado ese día. No sé si fue tan buena idea, pero al menos no me quedé dormida.

No llevo una buena temporada en mi vida, la gente con la que solía salir y quedar han ido progresivamente dándome la espalda, en muchos casos por cosas que he hecho, pero en la mayor parte de las ocasiones por razones que no puedo llegar a entender porque nadie se ha dignado en decírmelas. Sé que soy una persona con carácter y con el defecto de decir casi siempre lo que pienso, no suelo callarme las cosas, y eso me ha ganado que mucha gente no me hable porque prefiere no oír lo que digo. Pero cuando son gente a la que considerabas amigos y que llevas tiempo dando mucho por ellos, que te den la espalda duele más.

Ayer tuve que oír algo que me rompió por dentro. Una de esas personas que ahora prefieren mantener las distancias conmigo para no hacerse daño, me recordó como había estado a su lado cuando todo el mundo le había vuelto la espalda. ¿Para qué me recuerdan cosas así?, ¿para hacerme sentir más estúpida de lo que me siento ya con esta situación? No sé, creo que se me rompió algo cuando lo oí y pasé horas intentando reunir los pedazos mientras ponía buena cara para no molestar al resto de la gente.

Pasé el resto del día evitando las conversaciones en las que no quería entrar, esquivando a la gente a la que prefería no acercarme y agarrándome con uñas y dientes a aquellos en los que puedo confiar porque me aceptan tal como soy.

Supongo que esa casa no me trae buenos recuerdos, siempre que voy algo malo pasa, la primera vez fue cuando murió mi abuelo y desde entonces siempre se tuerce algo cuando voy allí. Pero seguiré intentando por todos los medios superar los malos tragos si con ello puedo estar con gente a la que quiero a mi lado. Cuando salí anoche de allí solo me apetecía gritar y llorar a pleno pulmón y fue lo que hice gritar con todas mis fuerzas en un sitio en el que no podía molestar a nadie. En cierto modo sentía rabia por alejarme de mis problemas, quería dar la vuelta al coche y enfrentarme con todos a la cara, decirles todo lo que estaban haciendo, lo condenadamente sádicos que pueden llegar a ser intentando protegerse a sí mismos. Pero sé que si hago eso habrá consecuencias no sólo para mi sino también para otros que se verán salpicados en una guerra que no es la suya. No, soy yo la que tiene que seguir carretera adelante sabiendo que mi sitio entre ellos cada pasa más desapercibido y que cuando falte nadie se dará cuenta de ello. Al fin y al cabo, nadie es imprescindible y yo menos que nadie.