18 junio 2011

Cansada

La amistad es un concepto extraño. Hace tiempo que sé que los amigos que merecen un nombre tal son muy escasos, un bien preciado que en ocasiones dejamos más abandonado de la cuenta. Mucha gente se pone la medalla de gran amigo sin más pero después nos damos cuenta de que en cuanto las cosas se complican se dan la vuelta y echan a caminar en otra dirección.

Yo he tratado de ser fiel a mis creencias y he intentado por todos los medios estar allí cuando alguien me necesita de verdad, aunque implique coger el coche en mitad de la noche para darle un abrazo a alguien que lo necesita. Pero después de todo me he dado cuenta de las pocas veces que recibo de vuelta algo más que gracias como respuesta. No, lo más habitual es que como respuesta recibas las llamadas cuando están mal para que vayas a echar una mano y un profundo silencio cuando están bien porque siempre hay gente a la que llamar en esos casos y yo no suelo estar en la lista.

Trato de salir adelante con todas estas cosas, no darle importancia a una fiesta a la que no te invitan, una quedada que se olvidan de avisar, una actuación para la que no te llaman, pero poco a poco cada cosa va haciendo mella en la máscara que vas poniendo delante de ti y sólo te quedan dos opciones, estallar y mandarlo todo a la mierda o ponerte una máscara más gruesa y decirte que la próxima vez quizás no estés allí cuando te necesiten.

Sigues adelante, apoyándote en aquellos pocos con los que sabes que siempre podrás contar. Pero la carga sobre tu espíritu está ahí, sabiendo que el dolor que sientes con cada pequeña traición no hace más que volverte más fría y que tal vez acabe por amargarte lo suficiente.

En momentos como estos lo único en lo que puedo pensar es en coger una maleta y dejarlo todo atrás. Cambiar de aires para que los de aquí no me cambien a mí.